Cómo dejé de mandar enlaces por WhatsApp (y qué uso ahora)

·Redacción Wishpicks

Una historia sobre enlaces perdidos, grupos de WhatsApp que van más rápido que tu memoria y el día que dejé de mandármelos a mí mismo.

Mesa de cocina con un móvil boca abajo, un regalo envuelto y una taza de café bajo luz mediterránea de mañana

El grupo de WhatsApp que me hizo replantearme todo

Tengo un grupo de WhatsApp con mis tres hermanos que se llama "Familia sin dramas". Le pusimos ese nombre con ironía, porque dramas hay siempre. Pero el que me interesa contar pasó en octubre del año pasado, un mes antes del cumpleaños de mi madre.

Mi hermana Elena mandó un enlace de El Corte Inglés a las once de la mañana: una pulsera de Tous por 89 euros. "¿Qué os parece esto para mamá?" Debajo, mi hermano Javi contestó con un audio de cuarenta segundos que nadie escuchó hasta la tarde. Y yo mandé un enlace de Amazon.es a un libro de recetas de Jordi Cruz (26,90 euros) diciendo "o esto".

A las seis de la tarde, el grupo tenía 47 mensajes nuevos. Memes del trabajo, una foto del perro de Javi, un artículo sobre la reforma de pensiones. El enlace de la pulsera estaba enterrado. El libro, perdido. Y Elena había mandado un segundo enlace que directamente nadie vio.

Compramos la pulsera. Javi también la compró. Mamá recibió dos pulseras iguales el día de su cumpleaños.


¿Cuántos enlaces has perdido esta semana en WhatsApp?

Según datos recopilados por Aunoa, los españoles pasamos una media de 1 hora y 45 minutos al día en WhatsApp, con 43 millones de usuarios activos en España. Eso significa que cada enlace que mandas a un grupo compite con decenas de mensajes, fotos, audios y stickers. No es que a tus amigos no les importe. Es que el enlace desaparece en diez minutos.

Yo hacía esto todo el rato. Me reenviaba enlaces a mí mismo en WhatsApp. Los guardaba en notas del móvil. Los metía en un chat conmigo mismo que tenía el nombre poco inspirado de "Cosas". A veces los guardaba en favoritos de Instagram, donde nunca volví a mirarlos.

Un día conté: tenía 23 enlaces guardados en distintos sitios. Seis ya no funcionaban. Cuatro eran duplicados. Y de los trece que quedaban, no recordaba por qué había guardado al menos cinco.


¿Qué tiene que ver una lista de bodas con WhatsApp?

El punto de inflexión llegó de donde menos esperaba. Mi prima Laura se casó en junio y compartió su lista de bodas online con la familia. No era la típica lista de El Corte Inglés con vajillas de 400 euros. Era una lista con cosas normales: un robot de cocina Cecotec Mambo (269 euros), sábanas de Zara Home (49 euros), una cena en el restaurante Coque de Madrid.

Lo que me llamó la atención no fue la lista en sí. Fue el sistema. Entrabas, veías lo que querían, reservabas algo y los demás sabían que ya estaba cogido. Sin un grupo de WhatsApp interminable preguntando "¿alguien le va a comprar el robot?". Sin duplicados. Sin audios de tres minutos coordinando.

Y pensé: esto es exactamente lo que necesitaba el grupo de mi madre. Y lo que necesito yo para dejar de mandármelos a mí mismo.


¿Qué pasa cuando dejas de usar WhatsApp como lista de deseos?

No voy a fingir que cambié de vida de un día para otro. Pero esa misma semana abrí Wishpicks y creé mi primera lista de deseos. Sin registrarme, sin instalar nada, con el mismo móvil que usaba para mandármelos por WhatsApp.

Lo primero que añadí fue un par de Adidas Samba (99 euros en Foot Locker) que llevaba semanas queriendo. Pegué el enlace y la foto, el nombre y el precio aparecieron solos. Luego un libro de Irene Vallejo que alguien recomendó en un podcast. Después, una experiencia: una clase de cocina thai en Barcelona (45 euros).

En diez minutos tenía siete cosas. Todas en un solo sitio. Con foto, precio y enlace directo. Nada enterrado entre memes del grupo.

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Sin registro. Tarda menos que buscar aquel enlace que guardaste en WhatsApp.


¿Qué pasó con el grupo de la familia?

Lo probé en diciembre, cuando tocaba organizar los regalos de Navidad. En vez de mandar enlaces sueltos al grupo, creé una lista para mí y le pasé el enlace a mis hermanos. Elena hizo lo mismo. Javi tardó dos semanas, pero al final también.

La diferencia fue ridícula. En un cumpleaños normal, nuestro grupo de WhatsApp acumula fácil 80 mensajes sobre regalos repartidos entre audios, fotos, enlaces y opiniones. En Navidad, con las listas, fueron cuatro mensajes: tres enlaces a listas y uno de Javi diciendo "ya he reservado lo mío".

Nadie compró nada repetido. Mamá recibió exactamente una pulsera esta vez.


¿Y si la lista sirve para algo más que regalos?

La parte que más me sorprendió no tiene que ver con regalos. Es que la lista funciona como un filtro de intenciones.

Antes, cada vez que veía algo que me gustaba, lo guardaba en algún sitio y lo olvidaba. Ahora lo añado a la lista y pasan dos cosas: o lo sigo queriendo una semana después (y entonces es un deseo de verdad), o lo miro y pienso "bah, en realidad no lo necesito". Sin comprar nada. Sin el bajón de la compra impulsiva a las dos de la mañana.

Es como tener un borrador de ideas que se cuida solo. Si quieres más inspiración sobre qué añadir, hay de todo: desde gadgets hasta experiencias que no cuestan dinero.


Un enlace en vez de veintitrés

Ahora, cuando alguien me pregunta qué quiero, le mando un enlace. Uno. No tres capturas de pantalla, no un audio, no un "mira, es que lo vi el otro día pero no me acuerdo dónde". Un enlace con todo.

Y cuando alguien de mi familia me dice que no sabe cómo pedir lo que quiere, le cuento la historia de las dos pulseras. Suele funcionar.

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